Tras una noche en vela conseguí cerrar los ojos, aquellos negros y ojerosos ojos que posaban sobre mi pálido rostro. Mis ojeras ya son como de la familia. Mi cuerpo, cada vez más delgado y agotado por el desgaste físico y emocional que vivo.
Al parecer las drogas no son la solución para curar el mal de amores, escuché decir a un par de personas que se encontraban a mi lado en la estación del metro Balderas de la Ciudad de México. Aquel lugar donde alguna vez asesinaron a un buen hombre por proteger a las personas y que ahora se encuentra en el olvido. Olvidar es una palabra que se dice muy fácil, pero que al igual que ‘amar’ se torna muy complicada al escribirla, al pensarla y al actuarla.
El simple hecho de pensar en abandonar a una persona que aprecio me pone la piel chinita, ¿olvidarla? NO ES TAN FÁCIL.
Cerré los ojos un momento, mientras escuchaba aquella canción que tanto me recordaba los momentos bonitos que pasamos y empecé a olvidarme de todo. Un sonido fuerte provocó que abriera los ojos, sólo para darme cuenta que ya me había pasado de estación.
Las ansias de querer escuchara y de saber cómo se encontraba ya no eran las mismas de días anteriores. Borré el mensaje que estaba a punto de mandarle, guardé mi celular, salí de la estación y decidí caminar sin rumbo por las calles de esta concurrida ciudad. Con los audífonos en los oídos y tomando al aire de la mano fui a un bar al centro de la ciudad donde solía escribir siempre que me sentía triste.
La tristeza es de esas emociones que descontrolan mi vida, y por lo tanto también mis acciones y emociones. Con la mirada cabizbaja, con los ojos al papel y la tinta en la mano, le escribí más que un pensamiento, palabras que pensaba decirle con mi boca.
La noche me acarició entre sus brazos y ya era hora de regresar a casa, el camino de vuelta fue más tranquilo, hasta que me topé con ellos.
Dos tipos, una gorra azul cubría el rostro de un tipo alto y fornido, de camisa a rayas y tenis negros. El otro; de cuerpo delgado y una mancha en la cara que parecía un lunar, sacó un revolver apuntándolo directamente a mi rostro y pidiendo le entregara mi pertenencias. No contaba con nada, sólo mi celular, unos papeles de la oficina donde trabajaba y unos cuantos pesos en mi cartera. No cedí. ¿Por qué tenía que entregarles cosas que con esfuerzo y sudor de mi frente yo había comprado? Empujé al delgado haciendo que cayera al suelo y empecé a correr lo más rápido que pude, ¡se escuchó un disparo! Seguí corriendo hasta encontrarme con una pareja la cual se me quedo viendo con rostro de pánico. Yo me sentía cansado, me dolía el pecho y me costaba trabajo respirar, por un segundo incliné la cabeza al suelo para respirar un poco cuando vi que la ropa que portaba tenía sangre, sangre que brotaba de mi pecho y escurría rápidamente hasta mis piernas.
Asustado pedí apoyo, la ambulancia tardo 20 minutos en llegar, yo me encontraba recostado sobre el pavimento, con mucha sangre y una multitud de personas a mi alrededor. Nunca le pude decir lo que sentía.
Una cuartilla de letras que se resumía a ”muchas gracias” y un simple “adiós”.
Verga, me paso igual a mi, lo único que cambio fue que lo que no dije, lo olvide antes de escribirlo, al igual me dispararon, y estoy muerto, esa tarde llovía afuera y adentro...
ResponderEliminarSabía que no era yo el único que estaba en el infierno.
Eliminarmuy bueno!
ResponderEliminarGracias Ivan, Saludotes.
EliminarTrentsito te he seguido desde que tienes tumblr poca madre tus historias deberias de seguir escribiendo, eres genial compadre. Saludos mi twitter @jaguarX
ResponderEliminarexelente! saludos
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