sábado, 25 de febrero de 2012

Un día abrí los ojos y me di cuenta que no era yo. Con el alma joven, el cuerpo cansado y las ideas agotadas decidí ponerme de pie y caminar a la cocina para prepararme algo de almorzar. Para mi sorpresa, recordé que esa semana no había ido al supermercado a surtir mi pinche despensa, y sólo encontré un cuarto de leche a punto de caducar y pan, algo duro por cierto. 

Decidí salir corriendo a buscar algo y terminé encontrando más que comida. Sus ojos, cafés claro observaban hacia una cajetilla de cigarros, de esos cigarros que te dan risa, totalmente de señorita por así decirlo. No sabes cuánto deseaba ser esa cajetilla de cigarros para que me miraras de la misma manera extraña, entre desear estar a tu lado, en tu boca; o botarme y hacerme un lado porque puedo hacerte mucho daño. Su piel sin maquillaje dejaba mostrar lo bonita que era. Las pecas hacían que pareciera chocolate blanco con chispas de chocolate, exactamente del que me gusta. 

Me acerqué fingiendo saber de cigarros y tomé una cajetilla, de esas que suelen fumar mis amigos y que tanto les gustan y con un comentario tonto le dije: "En las cajas no venden cigarros a menores señorita, si quieres te puedo ayudar a sacarlos", esperaba que no tomara mi comentario a mal, ya que le dije niña pero, ¿Acaso no a todas las mujeres les gusta que les digan que se ven menores a su edad?, en fin. 

Con un sonrisa y una cara de asombro volteo y me dijo: "tengo la suficiente edad como para comprar cigarros, y la suficiente inteligencia como para saber que no sabes de cigarros". Comentario que de inmediato me sorprendió y me puso en apuros. Decidí presentarme y vagamente estreché su mano comenzando una platica que terminó en el restaurante del lugar. 

Después de una extensa y amena conversación me despedí de la mejor manera y dejándole una tarjeta con mi número telefónico, tomé mi camino de vuelta a casa con una sensación de querer volverla a ver. 

Ha pasado una semana y aún no sé de ella, pero tengo la certeza que la volveré a ver. Mientras tanto, acudo todas las mañana al mismo lugar, tengo 6 cajetillas de cigarro que no pienso fumar; una por cada día que me he parado en ese lugar sólo, ya hasta compre un encendedor y de verdad que no busco amor, sólo busco alguien a quién prenderle un cigarro cuando lo necesite. 


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